SALA 12. HACIA UN NUEVO SIGLO

   

Comienzos del S. XX: 1901-1936

La agricultura continúa siendo la principal fuente de riqueza para Villafranca, a la que se suman las industrias que se instalan en la población, que ve aumentar su número de habitantes. El movimiento obrero gana fuerza entre la abundante masa jornalera. Tras el advenimiento de la II República, el Partido Socialista es elegido para ocupar el Gobierno local. Las tensiones sociales crispan la vida política local, como puso de manifiesto la retirada del Sagrado Corazón del Altozano.

La cultura y la educación conocen en esta época un gran desarrollo. Se crean instituciones culturales, se publican varios periódicos y se fundan colegios religiosos para la educación de las élites. Durante la República se construyen dos edificios para albergar escuelas públicas. Villafranca cuenta en esta época con importantes médicos, como Antonio Carrillo Arenas, que, en el actual barrio del Pilar, funda un sanatorio. La clínica dental que aquí puede contemplar, es muestra de este desarrollo de la medicina. La Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones científicas, dirigida por Santiago Ramón y Cajal, promovía la modernización de España a través de la ciencia.

 

Villafranca tomó parte en este impulso regenerador a través de la ciencia. Aquí puede contemplar instrumental científico de la época. Químicos como Manuel Daza o los numerosos médicos y veterinarios con que contaba la población, contribuyeron al desarrollo científico.

 

Guerra civil: 1936-1939

El 17 de julio, en plena celebración de la feria del Carmen, se tuvo noticia en Villafranca de la sublevación militar. Fueron detenidos varios vecinos sospechosos de apoyar el golpe de Estado. En la madrugada del 6 al 7 de agosto hubo un conato de incendio en la sacristía del Valle, donde estaban presos varios de los detenidos, que lograron salvar la vida. El 9 de agosto el capitán Meléndez, al mando de un grupo de legionarios perteneciente a las tropas del comandante Castejón, ocupó Villafranca.

El 10 de agosto una contraofensiva republicana procedente de Badajoz, liderada por el Diputado Pedro Martínez Cartón, fue rechazada. Inmediatamente después comenzó una cruenta represión, el número de víctimas no se ha podido concretar, oscilando entre 500 y 700. En la zona de la Serena se estabilizó una línea de frente. En Villafranca se instaló una comandancia militar y el cuartel del generales Sonans. Además, las tropas de dicho frente descansaban en la localidad, instalándose en el Colegio de San José un hospital de sangre. Para las tropas marroquíes se construyó, en el colegio, una pequeña mezquita y, en el cementerio, se les dedicó un lugar de enterramiento. La guerra movilizó a hombres y mujeres. Una de las funciones reservadas a estas últimas fue la de servir como enfermeras en el hospital instalado en el Colegio de San José.

Los efectos de la guerra

Los soldados marroquíes eran temidos por la brutalidad de sus métodos. Empleados como fuerza de choque, sufrían numerosas bajas en el frente. El hospital instalado en el Colegio les prestaba atención sanitaria, e incluso algunos de ellos recibieron sepultura en sus jardines. Las armas que puede contemplar en la vitrina, muestran cómo la violencia se integró en la vida de los villafranqueses durante los duros años de guerra. Sobre la fuerza de las armas Franco asentó su Dictadura.

 

Los documentos que aquí puede contemplar, evocan la miseria suscitada por la guerra. La dislocación causada a la actividad económica obligó a imponer las cartillas de racionamiento y medidas extraordinarias de caridad y auxilio social.

 

Dictadura Franquista: 1939-1975

Los años de la posguerra fueron difíciles para Villafranca. El año 1940 fue conocido como “el año del hambre” debido a la escasez sufrida por la población. Las cartillas de racionamiento siguieron en uso largo tiempo. El contrabando con Portugal se convirtió en una fuente suplementaria de ingresos para buena parte de la población. La devastación de la guerra y el aislamiento internacional tuvo como consecuencia el estancamiento de la economía, que, como se aprecia en esta zapatería, continuaba ligada a formas obsoletas de producción.

El alineamiento de la dictadura franquista en el bloque capitalista, propició la entrada de inversiones extranjeras. Como consecuencia, en Villafranca se produjo una importante emigración, ya que el desarrollo industrial en la región fue escaso. El Gobierno de Franco trató de revitalizar económicamente áreas especialmente deprimidas, como la provincia de Badajoz. El Plan Badajoz tenía como objetivo repoblar y cultivar tierras fértiles de la cuenca del Guadiana. Asociado al proyecto se instaló la empresa “Forjas y Aceros del Guadiana” en Villafranca.

La modernización de la sociedad local

Comienza a gestarse ahora la clase media, cuyo papel resultó fundamental en la transición de la dictadura a la democracia. La apertura a los mercados internacionales aportó nuevas alternativas de ocio, como demuestran los nuevos gustos musicales.

El desarrollo de los medios de comunicación propició cambios en los roles de género, especialmente en lo que respecta a la mujer, que comenzó a integrarse en el mundo laboral y en el de la formación universitaria.

 

Transición y democracia: 1975-2001

La Transición propició la restauración de la democracia en Villafranca. Las elecciones municipales de 1979 dieron el triunfo a UCD, las siguientes de 1983 pusieron el gobierno local en manos del PSOE, partido que gobernó durante los últimos años del siglo XX. La integración en la vida cotidiana de los avances tecnológicos vinculados a los medios de comunicación, colocó a la sociedad villafranquesa en la red global, lo que generó importantes cambios sociales al multiplicar los referentes culturales.
Villafranca prosiguió su proceso de modernización. La clase media se consolidó, diluyendo la antigua polarización entre oligarquía y clase jornalera. Este fenómeno se reflejó también en los cambios introducidos en el tejido urbano, que se remodeló para dar paso a casas adaptadas a las nuevas  necesidades de la clase media emergente.

 

El Cineclub de Villafranca de los Barros

Animado por el éxito de una “Semana de la Juventud” que tuvo lugar en el mes de abril de 1975, un grupo de jóvenes y universitarios idea la creación de un Cineclub local. El 18 de junio de 1975 se celebraba la primera Asamblea General de socios fundadores. Las sesiones cinematográficas se celebraban en el salón de actos del Colegio de las Hermanas Carmelitas, obteniendo pronto un notable éxito.

El Cineclub, además, promovía otro tipo de actividades culturales, tales como conferencias y exposiciones, que dinamizaban la vida cultural. El Cineclub surgió como una propuesta cultural de carácter integrador, como miembros  de las más variadas procedencias sociales e ideológicas, y como alternativa cultural al estrecho marco fijado por la cultura oficial superviviente del régimen franquista. Esta institución desapareció definitivamente a mediados de los 80.

Siglos XIX-XX

En el siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX Villafranca continuó la tendencia de crecimiento iniciada en el siglo XVIII. Consecuencia de ello fue la continuación del desarrollo urbano. Los nuevos barrios, como el de las Peñitas o el del Pilar, muestran en sus regulares estructuras la consecuencia de la planificación urbanística.

El desarrollo económico de los siglos XIX y XX se sustentó sobre el desarrollo de las infraestructuras viarias. Las carreteras y el ferrocarril permitieron mejorar las comunicaciones de la población, lo que tuvo como consecuencia la instalación de industrias y comercios, generando las condiciones que permitían percibir a la antigua villa como una pequeña ciudad.

A lo largo de los siglos XIX y XX se produjo la industrialización de Villafranca. Entre las industrias locales cabe destacar la “Electro-Harinera de San Antonio”, la actual Casa de la Cultura, que además de fábrica de pan estaba dotada de un generador de electricidad del que se surtía la población.

 

Junto a la estación del ferrocarril se fue desarrollando un área industrial, antecedente del actual polígono industrial.

Siglo XX

En la segunda mitad del siglo XX, pese a la pérdida de población que supuso el fenómeno emigratorio, el casco urbano de Villafranca continuó expandiéndose. Ello se debió a la elevación generalizada del nivel de vida y a la consolidación de una extensa clase media, factores que permitieron acabar con el hacinamiento, característico de las viviendas campesinas. Las nuevas técnicas constructivas y organizativas de las empresas constructoras, han dado como resultado la implantación de un nuevo modelo de urbanismo, que ha roto con la arquitectura doméstica tradicional, imponiendo un modelo basado en la estandarización del diseño de las casas.

LA INTERPRETACIÓN DEL PAISAJE

La desamortización de bienes comunales de Madoz a mediados del siglo XIX va a transformar sustancialmente la estructura del terrazgo agropecuario. Sólo el ejido apenas presenta variaciones, hasta que, en las últimas décadas del siglo XX, se transforma en suelo urbanizable. Los cortinales pasan a convertirse en propiedades privadas dedicadas al cultivo, las dehesas se roturan y los baldíos desaparecen.

FIESTAS PROFANAS

CARNAVALES: La sociedad villafranquesa de principios del siglo XX, se regía en base a sólidos convencionalismos. La libertad que se toleraba en los días del Carnaval, permitía la transgresión de los roles sociales, tanto en lo que afecta a la estructura social, como al género.

Los años de la II República fueron tiempos de libertad, en los que el Carnaval se convirtió en instrumento de reivindicación política. Así lo muestra la coplilla de una comparsa de 1934: “Esta comparsa de obreros, que parecen militares, saluda a sus compañeros, al alcalde y concejales. Es un ejército nuevo dirigido por Azaña, que es el primer gobernante que tenemos en España”.

 

ROMERÍAS: Las fiestas vinculadas a las ermitas, poseían, desde tiempos inmemoriales, una faceta profana. Constituían un paréntesis de alegría y despreocupación en vidas llenas de penalidades y sufrimientos. En ellas el pueblo mostraba su faceta más creativa, como lo muestran las carrozas de la romería de San Isidro.

CALDERETAS Y MERENDILLAS: Las calderetas, merendillas y demás fiestas no sujetas a días fijados en el calendario, han constituido siempre un elemento importante del legado fiestero villafranqués. En ellas la comida, la bebida y la diversión son las protagonistas.

FERIAS: En las ferias del Carmen, la Coronada y el Pilar, cuando el buen tiempo invita a permanecer en la calle, los veladores de las cantinas constituyen un mirador privilegiado para observar y ser observado por la vecindad en fiesta.

FIESTAS RELIGIOSAS

EL CARMEN Y LA CORONADA: La religión católica estaba muy arraigada en la sociedad local. Las antiguas fiestas vinculadas a las ermitas del Carmen y la Coronada continuaron gozando de una gran popularidad a lo largo del siglo XX.

SAN ISIDRO: A principios del siglo XX, en torno a la recién construida ermita, comienza a celebrarse la romería en honor de San Isidro, patrón de los labradores. Muy pronto esta fiesta se hizo muy popular entre los villafranqueses.

LA ERMITA DEL PILAR: En torno a la capilla del sanatorio fundado por D. Antonio Carrillo Arenas, dedicada a la Virgen del Pilar, los vecinos de las calles cercanas comenzaron a celebrar la fiesta en honor de la Patrona. El sanatorio desapareció en los años 20, sin embargo, el popular barrio mantuvo el recuerdo de la Virgen del Pilar, de la que tomó el nombre. En los años 50 se construyó la actual ermita y resurgió su fiesta.

EL CORPUS CHRISTI Y EL SAGRADO CORAZÓN: El culto al Corpus Christi estaba muy arraigado en la religiosidad Católica, constituyendo uno de los principales eventos del calendario litúrgico. Las calles se adornaban con motivo de la procesión y los devotos villafranqueses vestían sus mejores galas para la ocasión. La devoción hacia el Sagrado Corazón de Jesús, estuvo muy difundida en las primeras décadas del siglo XX, y fue especialmente fomentada por parte de la oligarquía.

 

En 1925, en el Altozano, se erigió un monumento en su honor. El Ayuntamiento socialista de la II República, hizo retirar el monumento, originándose una ardua polémica.