SALA 7. LA OLIGARQUIA EN LOS SIGLOS XVIII Y XIX

   

LA NUEVA ACTITUD FRENTE AL CUERPO

El modelo de vida burgués comportaba una nueva actitud frente al cuerpo. El aseo personal, junto con el decoro en el vestir, era parte indispensable de la imagen del burgués honesto. A ello se suma las preocupaciones higiénicas de la medicina decimonónica que comienza a descubrir los efectos de los microbios de la salud. Los objetivos de aseo personal como los que aquí observa, estaban lejos del alcance de la mayor parte de la población, sumida en precarias e insalubres condiciones de vida.

 

Por ello constituían, por sí mismo, un símbolo de estatus. La falta de agua corriente, hacía necesario suministrarla a mano. Para servirla en un estado conveniente se calentaba en la cocina, tarea para la que se contaba con un importante número de criados.

 

EL PENSAMIENTO DE LA OLIGARQUÍA

A lo largo del XIX la oligarquía local fue asumiendo las costumbres, las ideas y la estética burguesas. La elevación del nivel de cultura, la transformación de espacios urbanos para el ocio burgués (como la producida en la plaza) o la transformación de las viejas casas solariegas son muestras de ello. En el ámbito cultural destaca la aparición de instituciones como el Centro de Instrucción y Recreo o la Tertulia Literaria.

Estas últimas promovió conciertos, conferencias sobre temas filosóficos y artísticos, lecturas públicas, la creación de un museo arqueológico propio y comentó la publicación de un periódico, EL ECO DE LOS BARROS.A ella pertenecía destacados miembros de la sociedad local, como Cascales Muñoz, los hermanos Cortés Gallardo y Alfonso del Rabal.

LA MUSICA

La burguesía, junto con el poder político, asumió el mecenazgo artístico, papel que antes correspondía a la Corte, la aristocracia y la Iglesia. La estética románica concedió a la música rasgos más íntimos y profanos, integrándola en las formas de ocio burguesas.
Instrumentos como el piano y el arpa, formaban parte del mobiliario domestico habitual de las casas más ricas. Los niños recibían una cierta educación musical, y las celebraciones familiares solían contar con pequeños conciertos en los que tomaban parte músicos como Pedro Bote, Pedro Cortés Gallardo o Marcos Redondo.

 

RELIGIOSIDAD

La religión católica estaba muy presente en todos los aspectos de la vida. Proporcionaba un fondo ideológico común a todos los grupos sociales y definía los valores sobre los que se sustentaba el orden social. En el siglo XIX, el modelo de vida burgués aporto un carácter más íntimo a las prácticas religiosas.

A finales del XIX la religión cobro un nuevo auge. Así lo demuestra el aumento de capillas privadas en la parroquia que asimilan la estética neogótica para sus retablos.
Nuevas órdenes religiosas, como las Hermanas de la Cruz, presente en Villafranca desde 1890, revitalizan la obra social de la iglesia.

CULTO A NUESTRA SEÑORA DE LA CORONADA

El cultivo de la virgen de la Coronada estaba muy arraigado en Villafranca. En el siglo XVIII el templo se remodeló, adquiriendo su actual aspecto. La reforma del templo muestra la prosperidad del pueblo y particularmente de la oligarquía, su principal benefactor. Ello coincide con un momento de auge del culto de la coronada. La ermita se convirtió en un centro de peregrinaje, lo que hizo necesaria la construcción de una hospedería en sus inmediaciones.

El auxilio de la virgen Coronada era invocado contra todo tipo de males, especialmente los relacionados con las cosechas. La imagen trasladada a la parroquia en solemne procesión, donde se celebraba octavarios o novenarios de misa en su honor. Tras las desamortizaciones del siglo XIX, la ermita perdió su patrimonio territorial. Sin embargo la protección brindada por la población, especialmente por la oligarquía, permitió al santuario conservar su esplendor. En las últimas décadas del siglo se adquirió y arregló el órgano, obra original del siglo XVIII, de influencia estética pombalina.

SIGLO XVIII

A lo largo del siglo XVIII Villafranca conoció un gran desarrollo urbano, consecuencia de su crecimiento demográfico. El crecimiento urbano se concentró principalmente en el área suroeste de la población, continuando la tendencia que en siglos anteriores siguió el desarrollo urbano de Villafranca.

En la segunda mitad del siglo XVIII la plaza principal de la villa se amplió mediante el derribo de nueve casas a espaldas de la iglesia del Valle, configurando definitivamente la actual Plaza de España. Las autoridades pretendían con ello generar un escenario solemne para los actos públicos, especialmente las procesiones inspirado en la estética urbanística barroca.

La familia oligárquica de los Baca había acaparado el poder del Consejo. En el espacio reservado originalmente a la construcción de un nuevo Ayuntamiento, uno de los miembros de la familia, D. Gonzalo Baca-Lira, edificó su casa palacio, cuya fachada, dominando el espacio público, constituía un exponente del poder adquirido sobre la comunidad.

El desarrollo económico y demográfico experimentado por la población en el siglo XVIII, unido a una revitalización del culto de la Virgen Coronada, tuvo como consecuencia la reforma  en profundidad de la ermita, que adquirió su aspecto actual. A la ermita acudían peregrinos para los que se construyó una hospedería en las inmediaciones del templo.

OLIGARQUÍA SIGLOS XVIII Y XIX

En los siglos XVIII y XIX la oligarquía estaba integrada por terratenientes. Su poder económico e influencia social, le garantizaba el control de Ayuntamiento. En la Antiguo Régimen, dentro del grupo oligárquico, cabe distinguir entre:

Hidalgos. Miembros del estado noble. Gozaban de privilegios jurídicos, fiscales y honoríficos. Los emblemas heráldicos expresan su pertenencia a un linaje noble.

Labradores. Poseían suficiente patrimonio territorial, sin embargo, pertenecían al estado general o pechero, careciendo por ello de toda clase de privilegios.

En el siglo XIX, bajo el Estado Liberal, desaparece la distinción entre hidalgos y labradores. Las antiguas familias de la oligarquía, que conserva el dominio de la tierra y del Ayuntamiento, perpetúan su posición preeminente de la nueva sociedad de clases.

 

LAS FUENTES DE LA RIQUEZA DE LA OLIGARQUÍA. LAS ALMAZARAS

La base del poder de la oligarquía era el dominio de la tierra, lo que proporcionaba riqueza e influencia social. Para los cultivos de vides y olivos, producto ligado a los intereses económicos de la oligarquía, se usurparon tierras comunales. En el siglo XIX se produjeron desamortizaciones que beneficiaron exclusivamente a la oligarquía, único grupo capaz de afrontar la compra de tierras. La base de su poder incrementó así, en detrimento de las clases sociales más desfavorecidas.

El grupo de almazaras situadas al suroeste del término, muestra el poder adquirido por la oligarquía en el siglo XVIII, así como la expansión del cultivo del olivo. A mediado del XVIII se documenta la compra de aceitunas procedentes del robo y la evasión fiscal de los propietarios de las almazaras. Para compartir dichas prácticas el Ayuntamiento nombró diputados encargados de su vigilancia.

EL DOMINIO DEL CONSEJO POR PARTE DE LA OLIGARQUÍA

El acceso a los cargos del Consejo, en la Edad Moderna, estaba reservado, por ley, a la oligarquía. Los cargos se repartían por igual entre la rama hidalga y pechera. Algunos cargos, como el de Regidor, se adquirían a perpetuidad, tanto por compra como por herencia. Así, algunas familias, como los Baca, contaban siempre con miembros en el Ayuntamiento. El control del Consejo permitía a la oligarquía usar la justicia a su favor, pues los alcaldes podían juzgar en primera instancia. Con ello regulaban también el uso de los bienes comunales e imponían condiciones laborales más beneficiosas.

 

En el solar del actual Ayuntamiento, se proyectó construir en el siglo XVIII una nueva Casa del Cabildo. Los Baca, sin embargo, se apropiaron del solar para edificar una casa palacio, emblema de su estatus social. Bajo el Estado Liberal, en el siglo XIX, la oligarquía terrateniente conservó el dominio del Consejo, ya que el sufragio censitario imponía límites a la participación política del resto de los vecinos. Cuando se permitía una mayor participación política, las prácticas caciquiles  desvirtuaban la realidad.